Hoy no hay afoto, lo siento. Y que conste que tenía un par bastante guapas de las fiestas recientemente perpetradas, que lo del panem et circenses no es algo que vaya a desaparecer a corto plazo. Benditos gilipollas, qué haríamos sin ellos...
Precisamente esas fotos de la pachanga me han hecho recordar cómo empezó todo esto y han servido para ser dolorosamente consciente de que nada cambia. Nunca. Porque el problema rara vez está en la gestión lamentable de un gobernante mediocre y capullo, sino en el pueblo que la tolera. Y el pueblo de Villalba no va a cambiar, no va a dejar de estar adocenado, no va a dejar de ser un rebaño y eso lo he podido comprobar, un año más, en estas puñeteras fiestas que hacen que se renueven mis instintos homicidas.
Así que, parafraseando al inefable Reno Renardo, hasta la polla.
No puedo asegurar, en conciencia, que vaya a chapar el chiringuito. Por un lado creo que en algún lado hay que contar las cosas que nadie cuenta, pero por otro este blog fue desde el principio una válvula de escape que a bien seguro le ha salvado la vida (o al menos la integridad escrotal) a más de un imbécil, y esa motivación, la de quejarme y quedarme a gusto, ha desaparecido. No porque no me guste quejarme, que me encanta, sino porque ya no me satisface como antes. Quien me iba a decir que el umbral de autosatisfaccion por pataleo también se elevaba. Vivir para ver...
Como ya no me satisface tanto quejarme y enseñar la mierda, no tiene mucho sentido seguir con el blog. Eso sí, confío en que otros que lo leen sigan en cierto modo con la tarea, aunque sea en versión descafeinada (imprescindible si se hace con nombre y apellidos cuando el alcalde tiene tendencias de matón de patio de colegio).
En realidad, incluso con la motivación básica atenuada, me apetece seguir con el blog, pero mucho me temo que a partir de ahora no haría más que repetirme. Hay bastante mierda en Villalba, pero tampoco es un sitio grande ni cosmopolita así que toda la mierda se concentra en un pequeño puñado de agujeros y creo que los he explotado casi todos. Volver sobre lo mismo no me apetece, y mucho me temo que tarde o temprano se me agotarían los temas de conversación...
Por último, pero no por ello menos puñetero, está el tema de mi conciencia. ¿Quiero de verdad que Villalba cambie? Tengo que ser sincero, al menos conmigo mismo: me importa tres cojones. Si algún día cambia mi suerte y puedo escapar de este agujero, no volveré aquí ni de visita. No hay aquí nada que vaya a echar de menos, nada que vaya a recordar (bueno, quizá los mosquitos violadores, o esos vecinos obesos a los que querría ver despellejados vivos), así que no es que me quite el sueño hacer denuncia social.
Resumiendo: tengo ideas para el futuro, movidas en la puta cabeza, y si llevo alguna a cabo cerraré el blog, o lo convertiré en una colección de fotos porno si así lo pide el respetable, que las tetas alegran el mundo.
Hale, a pasarlo bien y hasta la próxima si la hay.
Precisamente esas fotos de la pachanga me han hecho recordar cómo empezó todo esto y han servido para ser dolorosamente consciente de que nada cambia. Nunca. Porque el problema rara vez está en la gestión lamentable de un gobernante mediocre y capullo, sino en el pueblo que la tolera. Y el pueblo de Villalba no va a cambiar, no va a dejar de estar adocenado, no va a dejar de ser un rebaño y eso lo he podido comprobar, un año más, en estas puñeteras fiestas que hacen que se renueven mis instintos homicidas.
Así que, parafraseando al inefable Reno Renardo, hasta la polla.
No puedo asegurar, en conciencia, que vaya a chapar el chiringuito. Por un lado creo que en algún lado hay que contar las cosas que nadie cuenta, pero por otro este blog fue desde el principio una válvula de escape que a bien seguro le ha salvado la vida (o al menos la integridad escrotal) a más de un imbécil, y esa motivación, la de quejarme y quedarme a gusto, ha desaparecido. No porque no me guste quejarme, que me encanta, sino porque ya no me satisface como antes. Quien me iba a decir que el umbral de autosatisfaccion por pataleo también se elevaba. Vivir para ver...
Como ya no me satisface tanto quejarme y enseñar la mierda, no tiene mucho sentido seguir con el blog. Eso sí, confío en que otros que lo leen sigan en cierto modo con la tarea, aunque sea en versión descafeinada (imprescindible si se hace con nombre y apellidos cuando el alcalde tiene tendencias de matón de patio de colegio).
En realidad, incluso con la motivación básica atenuada, me apetece seguir con el blog, pero mucho me temo que a partir de ahora no haría más que repetirme. Hay bastante mierda en Villalba, pero tampoco es un sitio grande ni cosmopolita así que toda la mierda se concentra en un pequeño puñado de agujeros y creo que los he explotado casi todos. Volver sobre lo mismo no me apetece, y mucho me temo que tarde o temprano se me agotarían los temas de conversación...
Por último, pero no por ello menos puñetero, está el tema de mi conciencia. ¿Quiero de verdad que Villalba cambie? Tengo que ser sincero, al menos conmigo mismo: me importa tres cojones. Si algún día cambia mi suerte y puedo escapar de este agujero, no volveré aquí ni de visita. No hay aquí nada que vaya a echar de menos, nada que vaya a recordar (bueno, quizá los mosquitos violadores, o esos vecinos obesos a los que querría ver despellejados vivos), así que no es que me quite el sueño hacer denuncia social.
Resumiendo: tengo ideas para el futuro, movidas en la puta cabeza, y si llevo alguna a cabo cerraré el blog, o lo convertiré en una colección de fotos porno si así lo pide el respetable, que las tetas alegran el mundo.
Hale, a pasarlo bien y hasta la próxima si la hay.



